Persona y personalidad: una distinción decisiva

Distinción persona y personalidad para comprender al ser humano y llegar al núcleo espiritual e irrepetible, Graciela Soriano

Comenzamos una nueva serie dedicada a tres temas esenciales: vínculo, libertad y madurez humana. En esta ocasión, la profesora Graciela Soriano nos invita a una reflexión profunda sobre cómo el vínculo y el compromiso se convierten en auténticos caminos de crecimiento personal.

En un contexto marcado por la fragilidad relacional, resulta urgente recuperar una comprensión más rica de la libertad, entendida no como autosuficiencia, sino como apertura y donación al otro. Desde una perspectiva psico-antropológica, esta serie explora cómo la vinculación personal sostiene la identidad, orienta las decisiones y nutre la madurez moral y afectiva en ámbitos tan decisivos como la vida familiar, la educación y la dimensión espiritual.

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En este primer artículo, nos adentramos en una reflexión inspirada en el pensamiento de Leonardo Polo, que ilumina la diferencia entre persona y personalidad, y su alcance para la vida, la educación y las relaciones interpersonales.

Más allá de la psicología clásica

En la vida cotidiana solemos hablar de “personalidad” como si fuera lo más profundo de cada uno: un conjunto de rasgos, modos de comportarnos o maneras de reaccionar ante los demás. Sin embargo, según Leonardo Polo, filósofo español del siglo XX, lo más radical en el ser humano no es la personalidad, sino la persona.

Esta distinción puede parecer sutil, pero cambia la forma de comprendernos. Personalidad es aquello que mostramos en nuestra biografía: cómo actuamos, qué temperamento tenemos, cuáles son nuestras capacidades o incluso nuestras heridas psicológicas. La persona, en cambio, es un nivel más hondo: es nuestro ser, irreductible, libre y abierto al encuentro con los demás y con Dios.

La persona: alguien, no algo

Podemos resumir la diferencia de este modo: la personalidad describe cómo somos; la persona, en cambio, señala quién somos.

La personalidad puede estudiarse, clasificarse, incluso medirse en ciertos aspectos. Pero la persona no se agota en ninguna descripción. Es única, irrepetible, siempre abierta a crecer y a dar más de sí. Por eso Leonardo Polo afirmaba que “la persona es el único ser capaz de un crecimiento irrestricto”[1].

Este horizonte abre una gran esperanza: nunca estamos determinados por completo por nuestra historia, ni por nuestros rasgos, ni por nuestras limitaciones.

Lo que significa para la vida y las relaciones

La distinción entre persona y personalidad tiene consecuencias muy concretas:

  • En la vida personal: nadie queda reducido a sus errores o a su temperamento. Siempre hay una posibilidad de recomenzar y de crecer.
  • En la familia y la educación: reconocer la persona que hay en cada hijo o alumno significa mirarlo como alguien con dignidad incondicional, más allá de sus resultados o conductas.
  • En la psicoterapia y el acompañamiento: respetar la libertad y la intimidad de cada paciente es esencial para que el proceso sea verdaderamente humano y no meramente técnico.

Una mirada que genera compromiso

Cuando comprendemos que cada persona es más que su personalidad, surge un modo distinto de relacionarnos: ya no reducimos al otro a un “qué” (lo que hace, lo que logra, lo que aparenta), sino que lo descubrimos como un “quién” con el que podemos entablar un vínculo estable.

Así se abre el horizonte del compromiso: la persona no solo es capaz de relacionarse, sino de hacerlo de modo libre y estable, entregando su vida en vínculos duraderos.

Graciela Soriano

[1] POLO, L., La persona humana y su crecimiento, en Obras Completas, Serie A, vol. XIII, Eunsa, Pamplona, 2015, p. 17.

Ver libro sobre Leonardo Polo: Filósofo, maestro y amigo

Graciela Soriano es psicóloga clínica, psicoterapeuta y doctora en filosofía. Profesora universitaria e investigadora, su trabajo se centra en la psicología de los vínculos, el crecimiento personal, el desarrollo psicoespiritual y la calidad de las relaciones humanas. Integra la práctica clínica con la reflexión filosófica desde la antropología trascendental de Leonardo Polo, línea que fundamenta su investigación y su docencia.

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