La libertad alcanza su plenitud cuando se convierte en don. De este modo, el compromiso es la expresión más alta de la decisión personal; y todo se fundamenta en la persona y su personalidad, como vimos en el primer artículo de esta serie.
El “sí” que cambia una vida
En la vida hay decisiones que parecen pequeñas, pero en realidad marcan todo el futuro. Un “sí” dicho con libertad puede comprometer la existencia entera. Pensemos en el momento de aceptar un trabajo que orientará la trayectoria profesional, o, con mayor hondura, en el “sí” que une a dos personas en el matrimonio.
Ese instante concentra una paradoja: es un acto sencillo, pero a la vez tiene un alcance inmenso. Según el filósofo Leonardo Polo, la libertad no se agota en elegir entre opciones. La libertad se cumple cuando se convierte en don, cuando se entrega en un compromiso.
Compromiso: la verdadera plenitud de la libertad
En nuestra cultura, muchas veces se interpreta el compromiso como una pérdida de libertad. Casarse, decidir por una vocación, o asumir una responsabilidad estable se ve frecuentemente como “atarse”.
Sin embargo, la propuesta de Polo es la contraria: comprometerse no significa perder libertad, sino llevarla a su plenitud.
La persona encuentra su sentido cuando su libertad no queda inédita, sino que se actualiza en una promesa que la trasciende. El compromiso es esa libertad que se dona, que se arriesga en favor de alguien o de algo que merece la pena.
Ejemplos cercanos de libertad y madurez
En todos estos casos, la libertad se convierte en fuente de estabilidad y fecundidad:
- En la familia: El compromiso de los padres por sus hijos es mucho más que obligación: es la expresión de una libertad que se entrega por amor.
- En la amistad: La promesa implícita de estar ahí para el otro en la alegría y en la dificultad.
- En el trabajo: Cuando alguien asume su tarea no como un trámite, sino como servicio y aportación, manifestando unidad de vida.
Libertad, futuro y trascendencia
El compromiso implica también una dimensión de futuro. Prometer significa abrirse a lo que vendrá, sostener con fidelidad una decisión incluso cuando cambien las circunstancias. Es un modo humano de anticipar y modelar el porvenir.
Por eso, el compromiso no es un límite impuesto desde fuera: es la expresión de la libertad más radical, capaz de trascender el momento presente y de proyectarse hacia adelante.
Un don que transforma
Cuando la libertad se convierte en compromiso, la persona misma se transforma. Ya no se vive solo para uno mismo, sino que se entrega la propia vida como don. Y ese don, al ser aceptado por los demás, fecunda nuevas realidades: una familia, una amistad, una comunidad.
En palabras sencillas: la libertad alcanza su verdad cuando se dona. Y ese don tiene nombre propio: compromiso.
Graciela Soriano






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